Muere Saddham Hussain

01:06 | Final violento para un dictador implacable que creció bajo las sombras de EE.UU.

Se erigió presidente en 1979. En la década del 80 fue visto como un líder modernizador por Washington. Aniquiló a sus rivales y sembró Irak con fosas comunes. Feroz e implacable, construyó su poder imponiendo el terror entre los suyos. Fue el primer mandatario árabe condenado a muerte en su país por sus crueles actos.

Saddam Hussein pasó su infancia en Awja, Tikrit, al norte de Bagdad, entre techos y paredes de adobe, en el seno de una familia campesina empobrecida. Para los 9 años, su padre pasó a ser sólo un recuerdo. Fue la influencia de su tío un oficial del Ejército y ferviente batallador por la unidad árabe, la que despertó en un adolescente Saddam el interés por la política. Lo mandó a estudiar a Bagdad y con 19 años, se unió al Partido Baas. Tres años después, ya buscaba asesinar a Abdel Karim Qassem, el dictador que hacía dos había barrido con la monarquía iraquí para encaramarse en el poder.

Herido en una pierna, durante la intentona, huyó a Siria y Egipto. A partir de entonces, siguió el andar de un hombre que no paró hasta conseguirlo todo a cualquier precio. Volvió a su país. Y lo logró.

En 1968, Saddam Hussein participó en el golpe que llevó al Partido Baas al poder, bajo el mando del presidente Ahmad Hassan Al Bakr. Se convirtió en su hombre de confianza, en el hombre fuerte del régimen. Hasta que sólo hubo lugar para un solo. Derrocó a Al Bakr en julio de 1979. Acumuló las funciones de jefe de Estado, secretario general del partido, presidente del Consejo de Mando de la Revolución y jefe supremo del Ejército. No toleró ninguna disidencia, multiplicaba las purgas y enviaba a sus oponentes al exilio o al cementerio. Atacó a sus enemigos con masacres. Usó contra ellos armas químicas. Sembró Irak con fosas comunes. Y plantó su figura en las calles del país en retratos de seis metros de altura.

En 1980, con la venia de la Casa Blanca, atacó a Irán. Tras la guerra de ocho años con un saldo de un millón de muertos y sin triunfadores claros, Saddam no le tembló el pulso en gasear a las poblaciones kurdas del norte iraquí, que se oponían a su régimen. Esa fue otra de sus carnicerías.

En aquellas épocas, Washington alababa a Saddam por cualidades y episodios verosímiles de su gestión. Lo veían como el gran modernizador, el único musulmán de Oriente Medio que fomentaba el alfabetismo e impulsaba el trabajo femenino. Los gerentes de Occidente se restregaban las manos con los contratos que proveían a Bagdad de tecnología para el petróleo. Todos, en fin, descorchaban champaña en su nombre. Como líder musulmán secular, era en efecto un fiel contrapeso al poder creciente de los ayatolás iraníes y su clero conservador, furiosamente antinorteamericano. Es aún recordada una de sus frases de cabecera que definía así su política: "Allí donde hay una persona, hay un problema. Si no hay personas, no hay problemas".

Pero el inicio del fin comenzó en 1990 cuando invadió Kuwait —una canilla de petróleo para Occidente— bajo el mandato de George Bush padre. Ese tal vez fue su error más grave: con la nueva ambiciosa ofensiva, se puso a Estados Unidos en su contra. Victorioso en una, derrotado en otra, Saddam siempre pudo caer en pie, demostrando habilidades en el arte de la supervivencia. Nunca se había dado por vencido, supo sobrevivir a numerosos atentados e incluso había logrado hacer victorias de derrotas.

Saddam deseaba pasar a la historia como un heroico señor de la guerra. Y realmente, este zar de la violencia, tendrá su lugar en los libros de historia: fue el primer mandatario árabe condenado a muerte en su país por sus crueles actos. Es el corolario de un largo camino que entró en franco descenso, desde que el invasor norteamericano decidió sacarlo del poder en 2003. Hacia principios de ese año, su círculo ya estimaba que los días del líder como tal estaban contados. Tras la caída de Bagdad pasó a la clandestinidad, hasta que los soldados estadounidenses lo encontraron sucio, enflaquecido y abandonado el 13 de diciembre de 2003 en un escondite en una granja de adobe, cercana a su natal Tikrit.

Aunque el ex líder iraquí fue para Estados Unidos un déspota que sojuzgó a su pueblo y una amenaza evidente a la paz mundial, se mantuvo durante años bajo el paraguas de Washington. De eso, por ejemplo, puede dar fe el actual secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien lo visitó en Bagdad en 1983 como enviado de Ronald Reagan. Desde que Bush hijo llegó al poder, la propaganda norteamericana ha hecho lo imposible por emparentar a Saddam con el saudita Osama bin Laden, a quien Washington responsabiliza por los atentados del 11 de setiembre. Pero Hussein tiene poco que ver, en verdad, con el integrismo islámico. Su ideología política fue modelada más bien por el socialismo árabe en Siria y Egipto, donde abrevó en el panarabismo revolucionario del líder egipcio Abdel Gamar Nasser. La biografía oficial de Saddam afirma que nació el 28 de abril de 1937. Pero hay dudas. Más bien se cree que llegó al mundo dos años más tarde, en la aldea de al-Awja, en una familia de campesinos pobres. Se sabe, sí, que casi no conoció a su madre y que intimó poco con su padre. No era tampoco un secreto que Saddam se desvivía por la cocina. Uno de sus platos favoritos, y que preparaba a la perfección, era el "tashrib", a base de pollo con cebollas y limón, recubierto con "shrak", un tipo delicioso de pan árabe. Precisamente, una prueba del laicismo militante del ex líder iraquí, que desmiente su filiación cercana a los fanáticos islamistas de Bin Laden, sería su aprecio por el vino portugués y el whisky escocés, que bebía naturalmente en dosis moderadas. El islam, se sabe, prohíbe sin disculpas el alcohol.



Nota:
En fin, yo creo que se dura poco en esta vida... Y cito una frase de no me acuerdo quién:
"La vida es como un juego, donde nunca puedes ganar."

Según la Biblia católica, desde la visión humana quien juzgue será juzgado(ante Dios), todos juzgamos, así que todos iremos al infierno(conclusión insensata). Pero según la misma Biblia, desde el mensaje de Dios Misericordioso, todos seremos perdonados(conclusión indefinida).
Según mi pequeña lógica matemática, esto significa que hagas lo que hagas, así seas San Santo de los Santos, estarás junto a Jorge Arbusto o mejor dicho, George W. Bush...

Mejor disfruta la vida, si total serás perdonado :)

Hazta la victoria, SIEMPRE!

MI amor


Mary Anne... Se llama así aunque no lo crean. No es un apodo. Es su nombre real, tal como aparece en el D.N.I. y ¡qué de cantidad de veces que habremos ido a buscar su DNI! Es que los ignorantes de los Registros Civiles (actuales Comunas.. ja!) no saben escribir un p*** nombre.
Mi amor... te quiero muchísimo. Perdoname por mis errores...

Rutina

Intenté hacer mancuernas, hice 2 días y luego por razones extrapersonales, suspendí la rutina. En fin, la rutina que quería comentar viene aquí.
Salgo de la casa de mi novia, cruzo la calle y me encuentro en el quiosco, no cualquiera, su quiosco. Reviso mis bolsillos en busca de una moneda y encuentro $0,25 . Pienso. El boleto sale $0,75 desde la casa de ella hasta la mía.
- Buenas Gili -a mi suegro- ¿cómo va?
- Bien bien...
- ¿Cuánto están los Snickers?
- Uno cincuenta. ($1,50)
Le entrego mi billete de $2 y me retiro pero no sin antes saludar como corresponde. Cruzo nuevamente la calle, y me encuentro en la cuadra de la parada del colectivo (línea 152). Veo que se acerca lentamente doblando la esquina mientras como mi rico chocolate con maní y caramel. Al ver que quizás pueda no llegar, avanzo a paso rápido, a lo que el colectivo frena y suben 3 damas (mujeres de edad) que estaban esperando en la parada. Luego subo yo, como un caballero (que mentiroso!).
Avanza. Frena. Avanza. Frena, habla con un policía en la calle y le informa de 3 sujetos que eran "sospechosos" llegando a la esquina que recién habíamos dejado atrás. Dobla y avanza. Parada. Avanza.
Y aquí es dónde surgen mis ganas de escribir, en plena noche de Buenos Aires, cruzando la Avenida 9 de Julio, se ven solo las luces de las estrellas y las publicidades en lo alto de los edificios céntricos. Y allá en el fondo, el fiel y copiado Obelisco. Nunca supe monumento a qué es, pero sé que tiene algo escrito, aunque nunca lo leí. Pero-- es que queda tan agradable ahí en el fondo, frente a la oscuridad nocturna alumbrada por luces artificiales (en su mayoría)... Me genera cierta melancolía, pero no triste.
Termino mi sabrosa golosina y pienso en nada(tema de León Gieco, en alguna edición interpretado por Los Piojos y, señor difunto, Pappo, un grande) hasta llegar aquí, mi barrio, mi casa.
Mientras subo en el ascensor pienso que tengo que dedicarle un posteo a mi chica.
No es de lo más romántico, pero es algo que surgió del profundo abismo interno de mi ser.

Esta entrada está dedicada a vos, mi amor, mi angelito! Porque aunque todo parezca rutina, vos le das el toque de especialidad para que sea un día único, uno más, entre todos los únicos y espectaculares días que vivo desde aquél 8 de julio.
No hace falta decir lo que siento y pienso de y para con vos, porque ya lo sabés.
Ahora que la busco, no la encuentro, nuestra foto no está en mis computadoras. Sé que está en la tuya, así que cuando pueda la pondré para que mis televidentes la contemplen :D