Es con orgullo que decido cerrar el ciclo que fue este blog en mi vida. Ya no puedo ni quiero dedicarle el tiempo que necesita. Ya la inspiración y objetivos personales de mi vida han cambiado. Muchos cambios en el último tiempo, poca regularidad en la creación de entradas...
Uno debe tomar decisiones en la vida, con la crudeza necesaria incluso cuando no quiere pero sabe qué es lo correcto. Este último tiempo tuve muy presente el sentimiento de querer llorar y tener los lacrimales secos. La tristeza, pero esta vez no depresiva ni enfermiza, inundó mi vida cuando un ser querido partió. Uno siempre tiene la ilusión de segundas oportunidades, no quiere darse por vencido ni aún vencido. Una persona fue mi inspiración y fortaleza por un tiempo, de decisiones precisamente difíciles y acertadas, en esta vida, de tan solo 21 años. Como católico elijo compartir algo que era bastante privado, que es el hecho de rezar por ella todos los días. De cierto modo eso te hace obligadamente pensar en la otra persona, pero a su vez, siento que el enfoque es el de querer la felicidad ajena y, saber que esa persona cuenta con salud y tranquilidad, me llena.
En lo laboral, me he puesto la camiseta de la empresa para la que trabajaba, con éxito para la corporación pero sin éxito en lo personal, más que el aprendizaje de saberme equivocado. Uno nunca debe darlo todo por el trabajo, pues ese esfuerzo no puede ser valorado de la forma que las expectativas de uno desean. Entonces viene un tiempo de cambio, dolido quizás, porque sé que no es lo que yo quería, y me hallo, una vez más, tomando esas decisiones necesarias.
Se me mezclan demasiadas emociones y personas. Las cosas que viví. Las que hice y las que no me animé. Lo bueno y lo malo, lo que me dolió y lo que hice doler. Pero también lo que me hicieron feliz y lo que pude hacer feliz. Agradezco enormemente a la gente que supo entenderme y perdonarme más allá de mis defectos, sobretodo en mis contestaciones.
Y, con cierto recelo, digo que voy a extrañar mucho todo. Que Dios nos sepa guiar y unir.
Amor en tiempos de Facebook
Mensaje a nónimo
LO QUE APRENDÍ
Vacilaciones del espíritu
Difícil es admitir un error. Más aún perdonarlo.
Puede que hayamos hecho cosas mal, pero en lo profundo de nuestros corazones hay una Verdad y es el Amor.
Me prometí no molestarte pues el amor no es egoísta.
Si Dios quiere y te merezco, el destino nos encontrará.
De otra forma, solo vale el recuerdo de haber sido feliz;
y habiendo vivido tan a las apuradas, unos pocos meses hayan alcanzado para Creer.
LO QUE APRENDÍ
A intentar querer más a otra persona que a uno mismo.
A escuchar más a mis amigos.
A no priorizar lo ajeno ante lo propio.
A disfrutar todo mucho más.
A no hacerme falsas esperanzas.
A ser feliz yo primero y luego intentar hacer feliz.
A pedir perdón.
A acompañar.
A dar soporte incluso cuando uno está vacío.
A sonreír en el momento menos indicado.
A dar abrazos a quien llora por ti.
A crecer primero como persona y luego compartir.
A comunicarme mejor.
A valorar mi vida.
A recordar todo lo bueno.
A extrañarte de verdad.
Sin embargo nunca aprendí a cuidar a tu frágil corazón.
Vacilaciones del espíritu
El ruido no nos deja percibir lo más profundo que es el llamado desde nuestro corazón. Siempre andamos rodeados de personas que nos llenan el ambiente sin sentido alguno, por el mero hecho de rellenar el espacio sonoro en algún lugar donde nos impidamos sentirnos solos.
Solo haciéndonos recordar de este momento cuando la oscuridad y soledad nos invaden, cuando un rayo de tormenta se hace oír y estás en tu cama, frenando un cambio... Distrayéndonos de todo evento social y contextual necesario para acercarnos a una relación primera e importante, siendo ésta real y no imaginaria, nos hallamos vacilando.
Es difícil, viendo al mar, por más que el alcohol nos lo trate de impedir, no contemplar la realidad: esa de la que uno está triste casi sin razón, conociendo lo que pasa y no queriendo admitirlo. Es solo una. Lo que sea hay que calmarlo, sin embargo no es una sed normal. Debemos trabajar mucho sobre nuestras cualidades para entender lo que realmente nos sucede.
Acontecimientos no necesariamente extraordinarios pero que marcan nuestras vidas en unos vaivenes infinitos de mezclas entre lo querido, lo deseado y lo posible. Por mucha compañía que nos intente hacer salir adelante, sabiendo que no es imposible sino difícil, seguimos en la misma: lamentándonos por esta, nuestra, vida (inconformistas).
Luces que quisieran iluminarnos pero solo están haciendo presencia en una noche que no se acaba ni siquiera amaneciendo; acá estamos, en la playa que tanto amamos intentando relajarnos y dándonos cuenta que cuesta más de lo que uno pensaba. No son la pena ni el dolor los culpables de esta situación; debemos vivir. Lo vivido es solo un recuerdo y aprendimos mucho pero nunca lo suficiente.
Quisiera explotar mis sentimientos en mi boca, pero no sería prudente. Intento canalizar, una vez más y como siempre, con palabras escritas el ardor de mi corazón. Ojalá aprendamos a escucharnos más a nosotros mismos y dejar menos que nos influyan y sequen el corazón. Amar, sufrir, querer y llorar a una persona, es algo hermoso, es un misterio grande. Como extrañar, cuando se tiene y cuando no se tiene.